No me gusta prometer
lo que no voy a cumplir.
Prefiero, si es menester,
callar y saber oír.
En ese orden de cosas,
dilato a tope las fosas
nasales de la conciencia
y alzo mi copa por esos
valientes que cada día
rompen con todos los nexos
revestidos de ironía
en pos de la conveniencia.
Tampoco resulta extraño
encontrarse a garifaltes
escondidos en el baño
sentados sobre el esmalte
donde cobijan las sobras
excretadas por las obras
de sus pérfidos amaños;
son los que marcan la pauta
de la propiedad privada
y montan una sentada
con su perro y con su flauta.
Y qué decir de los seres
de luz que ostentan poder
repartiendo los deberes
y derechos por doquier,
designando a su albedrío
el valor del alquiler
de lo tuyo y de lo mío.
Y lo suyo es solo suyo,
y lo mío es del Estado;
lo tuyo no siempre es tuyo...
¡Arriba el proletariado!
Si se ven en un aprieto,
no les falta la insolencia
para mostrar su indecencia
con sus reales decretos
que se sacan de la manga:
es un proyecto de ley
del gobierno que le tanga
al pueblo manso en su grey.
Al grito de SÍ SE PUEDE,
se dirigen a su tropa
desde el atril de la sede,
de la calle y la farlopa.
Repiten la misma idea
a base de verborrea,
de puño en alto y consigna
para que un tonto se crea
que su conciencia es más digna.
Y si quieres ser mi socio,
hablemos del porcentaje
y cerramos el negocio.
No se trata de un chantaje;
ahora se llama consorcio.
-
Autor:
Confidente (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 8 de octubre de 2026 a las 10:32
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 0

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.