Mi preciada manecilla, llegaste un día
desorientado, callado y sin ruido;
tus ojos radiantes y un compás ligero...
¡Sonora manecilla, cuánto te quiero!
De metálico valor, con sonido y alerta,
agradable a quien te tiene a su lado.
Mí manecilla traviesa, un día paró tu marcha
y ya no escribías pautas; tu ritmo se había perdido.
Te llevé al anciano de experiencia y pericia;
te tomó en sus manos y abrió tus puertas
para anunciarme que tu corazón no latía
y tus pilas desgastadas te tenían en coma.
Tanto andar en mi muñeca, cumpliendo citas,
había acabado por completo con tus fuerzas.
Me dice el anciano, muy certero y con gusto:
¡Qué buen reloj! Fue un placer despertarlo de su sueño.
"Camina al fin al compás de tu latido,
rinde el orgullo y rompe tus cadenas,
entrega el mando a un viento desmedido,
que el tiempo es breve y mata nuestras penas."
Karencita 🌷
08/12/2026
-
Autor:
Karencita (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 8 de octubre de 2026 a las 01:19
- Comentario del autor sobre el poema: Escuchando y bailando este hermoso merengue ...escribí estás líneas, sin estructura sin medidas sin sentido ,nada más que el sentimiento. Buenas noches poetas amigos.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.