Mi preciada manecilla, llegaste un día
desorientado, callado y sin ruido;
tus ojos radiantes y un compás ligero...
¡Sonora manecilla, cuánto te quiero!
De metálico valor, con sonido y alerta,
agradable a quien te tiene a su lado.
Mí manecilla traviesa, un día paró tu marcha
y ya no escribías pautas; tu ritmo se había perdido.
Te llevé al anciano de experiencia y pericia;
te tomó en sus manos y abrió tus puertas
para anunciarme que tu corazón no latía
y tus pilas desgastadas te tenían en coma.
Tanto andar en mi muñeca, cumpliendo citas,
había acabado por completo con tus fuerzas.
Me dice el anciano, muy certero y con gusto:
¡Qué buen reloj! Fue un placer despertarlo de su sueño.
\"Camina al fin al compás de tu latido,
rinde el orgullo y rompe tus cadenas,
entrega el mando a un viento desmedido,
que el tiempo es breve y mata nuestras penas.\"
Karencita 🌷
08/12/2026