LA VASTEDAD

LOURDES TARRATS




Universo…

hoy te hablo como quien tienta una piel primigenia,

reconociendo en tu curvatura

la misma masa ciega del deseo.

Te siento respirar sobre mí,

inclinar tu luz de materia oscura

como un cuerpo que busca la fascinación del contacto.

Me envuelves desde tu vacío cálido,

y en ese gesto —tan vasto, tan lento—

mi propia biología despierta.

Es en tu tejido, Universo,

donde comprendo la razón de su presencia.

Él, mi Amado, mi Único,

no un accidente en el espacio,

sino el pulso exacto que gobierna tu simetría,

el eje gravitatorio donde mi cuerpo encuentra su órbita.

Cuando me hundo en tu sima,

lo toco a él.

Como si tu infinito

guardara el peso exacto de su ser,

la frecuencia de su voz,

su manera incandescente de existir.

¿Cómo no amarte, Universo,

si eres la cama cósmica donde él habita,

y el único espacio donde, al poseerlo,

mi materia se vuelve inmortal?

Ahh, me vuelvo inmortal.

Inmortal…

L.T.
Octubre 7, 2026

  • Autor: LOURDES TARRATS (Offline Offline)
  • Publicado: 7 de octubre de 2026 a las 08:09
  • Comentario del autor sobre el poema: Amigos (a) queridos: Este poema nace del sentimiento de tener a Él, mi Amado, mi Único, tan cerca, que su presencia parece descansar en esa cama cósmica donde solo Él habita. ¿Cómo no amar al Universo, si es él quien nos brinda el espacio para poder ser, para encontrarnos, para reconocernos y, finalmente, para volvernos uno con aquello que amamos? La vastedad surge de esa sensación de que el amor puede ser tan inmenso que ya no cabe únicamente en el cuerpo ni en las palabras. Entonces necesita del cielo, de la materia, de la gravedad, del infinito. Necesita de todo el Universo para nombrar aquello que sucede cuando dos presencias se encuentran y, por un instante, parecen vencer la distancia, el tiempo y la propia condición de la materia. Aquí, el Universo no es solamente el escenario donde habita el Amado: es también su cómplice, su lecho, su espacio sagrado. Y en esa inmensidad, el cuerpo encuentra su órbita y el amor su propia forma de eternidad. Quizá por eso, al final, queda una certeza: hay amores que no solamente se viven; hay amores que transforman la materia y nos hacen sentir, aunque sea por un instante, inmortales. Desde mi isla de abrazos, les regalo uno a todos, porque: POETAS SOMOS…
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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