LOURDES TARRATS

LA VASTEDAD


Universo…

hoy te hablo como quien tienta una piel primigenia,

reconociendo en tu curvatura

la misma masa ciega del deseo.

Te siento respirar sobre mí,

inclinar tu luz de materia oscura

como un cuerpo que busca la fascinación del contacto.

Me envuelves desde tu vacío cálido,

y en ese gesto —tan vasto, tan lento—

mi propia biología despierta.

Es en tu tejido, Universo,

donde comprendo la razón de su presencia.

Él, mi Amado, mi Único,

no un accidente en el espacio,

sino el pulso exacto que gobierna tu simetría,

el eje gravitatorio donde mi cuerpo encuentra su órbita.

Cuando me hundo en tu sima,

lo toco a él.

Como si tu infinito

guardara el peso exacto de su ser,

la frecuencia de su voz,

su manera incandescente de existir.

¿Cómo no amarte, Universo,

si eres la cama cósmica donde él habita,

y el único espacio donde, al poseerlo,

mi materia se vuelve inmortal?

Ahh, me vuelvo inmortal.

Inmortal…

L.T.
Octubre 7, 2026