Dentro del existencialismo mismo de la razón,
siempre parecen primar los clamores del corazón.
Ello me lleva a preguntarme por qué, sin razón alguna,
la relación de otras dos personas genera tantas cuestiones
en quienes observan desde afuera.
Y no es porque los demás no puedan participar
o tomar parte de aquellos acontecimientos,
de esas palabras y frases
que aceleran el corazón.
Es porque, con demasiada frecuencia,
su apreciación no busca comprender,
sino generar desazón,
sembrar incertidumbre
y fortalecer la sinrazón.
Siembran semillas de odio
desde la infinita ignorancia
de quienes se creen dueños del credo y de la verdad.
Pisotean entornos que desconocen,
emiten juicios sin explicación,
y observan con ira
aquello que no encaja
en su argumentación.
Una argumentación que muchas veces
carece de objetividad
y se encuentra desprovista
de verdadera comprensión.
Buscar el consenso de los demás
para recibir sus aportes
puede ser valioso.
Toda mirada externa
tiene algo que enseñar.
Pero también existe una línea
que no deberían cruzar.
Nos interesan sus aportes
y aquello que puedan sembrar,
mas no queremos que sus comentarios
y opiniones
terminen por cicatrizar nuestras heridas
o limitar nuestro caminar.
Es necesario dejar fluir
lo que crece,
sin cortar su tallo
antes de tiempo.
Porque la vida misma
se construye desde nuestra realidad.
Una realidad que tal vez
no resulte objetiva para los demás,
pero que representa
nuestro crecimiento como pareja,
como proyecto compartido,
como comunidad.
Es nuestro pequeño aporte
a la sociedad:
la que construimos día a día
desde la intimidad,
el respeto
y la libertad.
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Autor:
Oscar Valero (
Online) - Publicado: 6 de octubre de 2026 a las 19:10
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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