Oscar Valero

La razón de los demás.

Dentro del existencialismo mismo de la razón,

siempre parecen primar los clamores del corazón.

Ello me lleva a preguntarme por qué, sin razón alguna,

la relación de otras dos personas genera tantas cuestiones

en quienes observan desde afuera.

Y no es porque los demás no puedan participar

o tomar parte de aquellos acontecimientos,

de esas palabras y frases

que aceleran el corazón.

Es porque, con demasiada frecuencia,

su apreciación no busca comprender,

sino generar desazón,

sembrar incertidumbre

y fortalecer la sinrazón.

Siembran semillas de odio

desde la infinita ignorancia

de quienes se creen dueños del credo y de la verdad.

Pisotean entornos que desconocen,

emiten juicios sin explicación,

y observan con ira

aquello que no encaja

en su argumentación.

Una argumentación que muchas veces

carece de objetividad

y se encuentra desprovista

de verdadera comprensión.

Buscar el consenso de los demás

para recibir sus aportes

puede ser valioso.

Toda mirada externa

tiene algo que enseñar.

Pero también existe una línea

que no deberían cruzar.

Nos interesan sus aportes

y aquello que puedan sembrar,

mas no queremos que sus comentarios

y opiniones

terminen por cicatrizar nuestras heridas

o limitar nuestro caminar.

Es necesario dejar fluir

lo que crece,

sin cortar su tallo

antes de tiempo.

Porque la vida misma

se construye desde nuestra realidad.

Una realidad que tal vez

no resulte objetiva para los demás,

pero que representa

nuestro crecimiento como pareja,

como proyecto compartido,

como comunidad.

Es nuestro pequeño aporte

a la sociedad:

la que construimos día a día

desde la intimidad,

el respeto

y la libertad.