Su juicio se arrodilla y se repliega,
su voz cambia de piel según el dueño;
si el poderoso manda, el necio entrega
hasta el último resto de su empeño.
Su lengua es un incensario que ruega,
destila miel cuando conviene al dueño;
y ante la gloria ajena se despliega
como una sombra aduladora en sueño.
Carece de columna cuando importa,
mas tiene olfato para el privilegio;
la dignidad, si estorba, la deporta,
y hace del servilismo un sacrilegio.
No es humilde: es la sombra del provecho;
se inclina ante el poder y alza su techo.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de octubre de 2026 a las 15:20
- Comentario del autor sobre el poema: Hago una salvedad. La palabra DUEÑO aparece dos veces en el poema. Funciona dos veces con matices distintos: primero define al amo que determina la voz del servil; después, al destinatario de su adulación, por tal motivo decidí no sustituirlas.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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