Su juicio se arrodilla y se repliega,
su voz cambia de piel según el dueño;
si el poderoso manda, el necio entrega
hasta el último resto de su empeño.
Su lengua es un incensario que ruega,
destila miel cuando conviene al dueño;
y ante la gloria ajena se despliega
como una sombra aduladora en sueño.
Carece de columna cuando importa,
mas tiene olfato para el privilegio;
la dignidad, si estorba, la deporta,
y hace del servilismo un sacrilegio.
No es humilde: es la sombra del provecho;
se inclina ante el poder y alza su techo.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026