Así habla Centroamérica.

ElidethAbreu

La historia no entra por la puerta.
Se cuela con el olor del café,
con el barro pegado a los zapatos,
con la lluvia que baja de los volcanes
y deja los caminos abiertos
como heridas.

En Guatemala, un patojo
corre detrás de una pelota.
¡Muchá, vámonos! grita,
mientras su madre, desde el patio,
sacude el huipil sobre la cuerda.
El chucho duerme junto al fogón
y la tarde huele a maíz y leña.

En El Salvador, un cipote
vende pupusas en la esquina.
¿Qué pasó, chero?
Aquí estamos.
¿Todo bien?
Todo bien, pues.
Y sigue empujando su carrito
como quien empuja el día
contra la cuesta.

En Honduras, una madre
espera junto a la pulpería.
Andá con cuidado, cipote.
Sí, mamá.
Y si podés, llamame.
La carretera se lleva al hijo,
pero ella se queda mirando
hasta que el último ruido desaparece.

En Nicaragua, un chavalo
cruza la plaza con su mochila.
¿Vas a volver, maje?
Claro que sí.
Pero en la voz del muchacho
hay una sombra que no nombra:
la frontera,
el camino,
la distancia.

En Costa Rica, una güila
se ríe bajo la lluvia.
¡Diay, vení!
¡Ya voy!
Corre entre los árboles
con las rodillas llenas de barro
y la tarde parece decirle
que todavía hay futuro.

En Panamá, un pelaíto
vende agua junto a la calle.
¡Compa, dame una!
Y el bus pasa lleno,
sacudiendo las ventanas,
mientras el sol cae despacio
sobre el istmo.

Seis países.
Seis maneras de nombrar la vida.
Una misma lluvia sobre los techos.
Un mismo maíz en las manos.
Una misma memoria
que no cabe en los libros.

  • Autor: Ellie (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 6 de octubre de 2026 a las 15:01
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2


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