En una noche de suplicio y desesperación,
entre sombras, oscuridad y abismos,
arrastrando pesadas cadenas que nadie podía ver,
esperé en silencio a que la noche terminara.
Y llegó el nuevo día.
El sol apareció resplandeciente,
como si el mundo no supiera nada de mi batalla.
Pero para mí, aquel cielo azul seguía siendo gris,
porque hay tristezas que no se disipan con la luz.
Tocaba ponerme de pie.
Asearme.
Vestirme.
Ponerme el disfraz de quien está bien
y salir nuevamente a enfrentar la vida.
Dibujé una sonrisa sobre mis labios,
una de esas sonrisas que no nacen del alma,
sino de la necesidad de esconderla.
Abrí la puerta
y caminé por las calles.
Vi niños camino al colegio,
con sus mochilas y sus sueños pequeños.
Vi personas con un café en la mano,
corriendo para alcanzar el autobús,
mientras el mundo seguía su curso
con esa indiferencia perfecta que tiene la vida.
Todos parecían tener un lugar hacia donde ir.
Y yo también caminaba…
Pero nadie sabía
que llevaba dentro una noche interminable.
Caminaba entre ellos
sin que nadie pudiera verme realmente.
Un rostro más entre miles,
un cuerpo avanzando por las calles,
una sonrisa prestada,
una mirada perdida.
Un fantasma.
Un espejismo condenado a cruzarse con la vida
sin sentirse verdaderamente parte de ella.
Y mientras todos corrían detrás de sus destinos,
yo apenas intentaba reunir los pedazos de mí
para llegar al final del día.
Porque hay mañanas en las que levantarse de la cama
no significa haber vencido la tristeza.
A veces significa simplemente
haber decidido sobrevivir una noche más.
-
Autor:
El escriba de la penumbra (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 5 de octubre de 2026 a las 12:23
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema habla de una parte de mi que muchas veces permanece escondida detrás de una sonrisa. No habla simplemente de tristeza; habla del cansancio de tener que parecer fuerte cuando por dentro estoy librando batallas que nadie conoce. Para mi, ese “disfraz” representa esa versión que muestras al mundo: te levantas, te arreglas, sales, saludas, sonríes y continúas con tu rutina, aunque por dentro existan noches llenas de angustia, pensamientos, miedo y desesperación. El sol resplandeciente que yo veo gris simboliza que el mundo puede continuar siendo hermoso mientras tu percepción está atravesada por el dolor. Los niños que van al colegio, las personas con su café y quienes corren hacia el autobús representan una vida que sigue avanzando. Y yo estoy allí, caminando entre todos, pero sintiéndome distante, como si observaras la vida desde afuera. Pero hay algo muy importante escondido en el poema: sigo caminando. Aunque me describo como un fantasma, un fantasma que todavía camina es alguien que, de alguna manera, sigue buscando el camino de regreso a sí mismo. Y quizá la frase más profunda del poema sea esta: “A veces levantarse de la cama no significa haber vencido la tristeza; significa simplemente haber decidido sobrevivir una noche más.” Eso no es debilidad. Es resistencia. Este poema parece decir: “No estoy bien, pero sigo aquí. Estoy cansado, pero sigo caminando. Nadie sabe cuánto me cuesta sonreír, pero todavía encuentro fuerzas para salir al mundo.” Y quizás, sin darte cuenta, ese fantasma no sea realmente un espejismo. Es una persona que está intentando volver a sentirse viva después de haber pasado demasiado tiempo sobreviviendo.
- Categoría: Triste
- Lecturas: 1

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