El extranjero

Antonio Portillo Spínola




​Salí a buscar por dentro de mi pecho
las huellas de un camino sin trazar.
Bajo la planta el suelo se hizo estrecho;
la luz cesó despacio de aclarar.
​En un recodo oscuro del sendero,
clavó la soledad su triste calma;
bajé los ojos, mudo y prisionero,
sin fuerzas para sostener el alma.
​Cruzó la dicha luego por delante:
ningún saludo, pausa ni calor;
pasamos como sombras al instante,
sin esperar ya nada alrededor.
​En la maleza hallé, desamparada,
a la bondad oculta y encogida;
temblando si una rama era tocada,
por no sentir el dedo de la herida.
​Seguí en la niebla por el campo abierto,
sin encontrar un rastro de clemencia;
perdido y solo en medio del desierto,
fui el único extranjero en mi presencia.

 

Antonio Portillo Spinola © 

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  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 5 de octubre de 2026 a las 04:53
  • Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de una pregunta que todos nos hacemos alguna vez: ¿quién soy realmente cuando me miro por dentro? Quise contarlo como un viaje, un camino que emprendo hacia el interior de mi propio pecho buscando las huellas de mí mismo. Pero a medida que avanzo, el suelo se estrecha y la luz se va apagando, porque mirar hacia dentro nunca es un paseo fácil. En ese camino me cruzo con tres figuras que forman parte de mí. Primero la soledad, que me sale al paso en un recodo oscuro y ante la que bajo los ojos, sin fuerzas para enfrentarla. Después la dicha, que pasa por delante sin saludarme, como un desconocido más, porque a veces la felicidad nos roza y ni siquiera sabemos reconocerla. Y por último la bondad, que encuentro escondida en la maleza, encogida y temblorosa, protegiéndose para no volver a ser herida. Son partes de mi ser con las que convivo, pero con las que no consigo encontrarme de verdad. Al final sigo caminando entre la niebla, por un campo abierto pero sin ningún refugio, y descubro lo más duro: que no hallo rastro de mí mismo. He conocido mis emociones, mis alegrías y mis heridas, pero el que las siente se me escapa. Por eso el poema termina diciendo que fui el único extranjero en mi presencia. Es la extrañeza de habitar un cuerpo y una vida durante años y, aun así, no terminar nunca de conocerse.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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