Al final
lo que queda en las manos
no es ausencia.
Es lo que aprendieron las manos
mientras te amaban:
A desenredar con paciencia,
a medir la fiebre con la frente,
a dejar la puerta abierta para el sol.
Mis manos están vacías
y por primera vez,
eso no me entristece.
Eso me alcanza.
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Autor:
Alguien que aprendió (
Online) - Publicado: 4 de octubre de 2026 a las 01:51
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 2

Online)
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