Alguien que aprendió

Lo que queda en las manos

Al final

lo que queda en las manos

no es ausencia.

 

Es lo que aprendieron las manos

mientras te amaban:

 

A desenredar con paciencia,

a medir la fiebre con la frente,

a dejar la puerta abierta para el sol.

 

Mis manos están vacías

y por primera vez,

eso no me entristece.

 

Eso me alcanza.