Acepto

Raul A

Descargué la aplicación

porque todos la tenían.

 

Era gratis.

 

Eso decía.

 

Abrí la cuenta.

 

Nombre.

 

Edad.

 

Correo.

 

Contraseña.

 

Después aparecieron los permisos.

 

Acceder a la cámara.

 

Acepté.

 

Acceder al micrófono.

 

Acepté.

 

Acceder a la ubicación.

 

Acepté.

 

Personalizar tu experiencia.

 

Acepté.

 

No leí nada.

 

Nunca lo hago.

 

La aplicación empezó a funcionar

como cualquier otra.

 

Al día siguiente

me mostró un anuncio

de unos zapatos que había visto

en una tienda.

 

Qué coincidencia.

 

Después apareció una publicidad

sobre algo que había hablado

con un amigo.

 

Otra coincidencia.

 

Luego empezaron a aparecer cosas

que nunca había buscado.

 

Lugares donde había estado.

 

Personas que conocía.

 

Cosas que me gustaban.

 

Cosas que no le había contado a nadie.

 

Me pareció raro.

 

Así que revisé la configuración.

 

Había muchas opciones.

 

Privacidad.

 

Datos.

 

Permisos.

 

Historial.

 

No entendí casi nada.

 

Cerré la aplicación.

 

Al día siguiente

apareció una notificación.

 

“Hemos actualizado nuestros términos.”

 

Abajo había un botón:

 

ACEPTAR

 

Lo presioné.

 

Seguí con mi día.

 

Una semana después

la aplicación empezó a recomendarme

cosas que todavía no había hecho.

 

Un restaurante al que pensaba ir.

 

Una película que quería ver.

 

Un regalo que todavía no había comprado.

 

Pensé que era casualidad.

 

Hasta que apareció algo diferente.

 

Una fotografía.

 

Era mi habitación.

 

La reconocí inmediatamente.

 

Pero yo nunca había tomado esa foto.

 

La cerré.

 

Volví a abrirla.

 

Ya no estaba.

 

Pensé que había sido un error.

 

Entonces llegó otra notificación.

 

“Gracias por permitirnos conocerte mejor.”

 

Debajo decía:

 

“Ahora sabemos lo suficiente.”

 

Desinstalé la aplicación.

 

Por fin.

 

Apagué el teléfono.

 

Me fui a dormir.

 

A la mañana siguiente

encendí el celular.

 

Había una notificación.

 

No venía de ninguna aplicación.

 

Decía:

 

“¿Seguro que quieres dejar de compartir?”

 

Debajo había dos opciones.

 

CANCELAR

 

ACEPTAR

 

Me quedé mirando la pantalla.

 

No había instalado nada nuevo.

 

No había abierto ninguna cuenta.

 

No había dado ningún permiso.

 

Y entonces recordé algo.

 

La primera vez que apareció aquella pantalla

yo había presionado:

 

ACEPTO.

 

Y nunca había preguntado

qué estaba aceptando.

  • Autor: Raul A (Online Online)
  • Publicado: 3 de octubre de 2026 a las 13:46
  • Comentario del autor sobre el poema: Para muchas personas la moraleja de este poema es bastante clara, y por eso quiero invitar a que analicemos mas los "terminos" de algo antes de apretar la caja de acepto. Puede que lo que le paso a este chico no te pase exactamente, pero mejor prevenir que lamentar.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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