Poema III.

Mil vaggio

Sueltas tu beso al viento,

agitas tu silueta entre el verano.

Mujer de harina

y madera,

tu cuerpo es como una caja de música.

Garza bailarina,

tierna gota de rocío,

háblame con tu voz de bosque;

por tus veredas se llega al amor.

Larga y vasta,

mis manos no te merecen.

Calla mi poesía ante tu divinidad.

¡Oh, ninfa! Déjame tender a tus pies el cielo.



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