La intemperie del pulso

Antonio Portillo Spínola



 

Temo al pecho sin lumbre y a la casa sin voz,
a la quietud de piedra donde nada germina;
pero temo también al relumbre precoz,
al latido que busca ya su propia ruina.

Temo abrir las compuertas y anegarme de vida,
derramar la ternura, despertar el desvelo,
y temo que la ola, en rápida huida,
deje el eco flotando sobre un cuerpo de hielo.

Temo mirar al fondo y hallar turbios reflejos,
beber de un agua muerta sin que nadie me mire,
ser un barco encendido que navega a lo lejos
mientras la orilla espera que el fuego se retire.

Mas en la sombra espesa de tanta incertidumbre,
no retrocedo un paso ante el pulso del miedo.
Lo conozco por dentro, vigilo su costumbre,
es un viejo enemigo al que miro y no cedo.

Que tiemblen las entrañas, que arda o cese el amor:
la sima me reclama, pero el paso no freno.
No negocio la llaga, no amortiguo el temblor;
abro el pecho a la noche, al incendio y al cieno.

 

Antonio Portillo Spínola © 

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  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 3 de octubre de 2026 a las 04:51
  • Comentario del autor sobre el poema: Escribí La intemperie del pulso a partir de una contradicción que me acompaña y que intuyo universal: ese doble temor a la ausencia y a la entrega. Temo a la frialdad del vacío, a la casa sin lumbre y al silencio estéril donde nada echa raíces; pero temo con la misma intensidad al fuego del encuentro, a ese latido que arrasa mis propias defensas y amenaza con dejarme desamparado. ​En este poema no busco protegerme ni fingir una fortaleza que no tengo. No pretendo resolver la paradoja huyendo hacia el aislamiento. Al contrario: el miedo deja de ser una sombra paralizante para convertirse en un viejo conocido al que miro de frente, sin dar un paso atrás. ​El cierre no promete una victoria heroica ni un consuelo fácil; es mi forma de asumir, con lucidez y con el cuerpo, lo que significa estar vivo. No negocio la herida ni maquillo el temblor: elijo plantar los pies en la realidad, abrir el pecho a la noche, al incendio y al cieno
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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