Entro en la casa y no hay nadie,
pero al encender la luz
tampoco estoy yo esperándome.
Me siento a la mesa
con las manos vacías sobre la madera
y no encuentro una palabra
que cruce de una orilla a otra de la sangre.
El eco se niega a devolver mi nombre,
como si nombrarme fuera convocar un hueco,
un traje colgado a oscuras
que ha olvidado la forma de los hombros.
Tan lejos de mí mismo he caminado
que cuando intento regresar
encuentro el umbral tapiado por la cal,
y ni siquiera mi propia sombra
se detiene a compartir el frío.
Antonio Portillo Spínola ©
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 2 de octubre de 2026 a las 04:47
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de una sensación que he vivido más de una vez: volver a casa y descubrir que el vacío no estaba en las habitaciones, sino en mí. No quise escribir sobre la soledad de quien vive solo, sino sobre algo más hondo: esa extrañeza de no reconocerme, de buscar una palabra o un nombre que me devolviera a quien fui y no encontrarlos. El traje colgado a oscuras que ha olvidado la forma de los hombros es la imagen que mejor me explica ese vaciarse poco a poco con los años. Y el final deja abierta la pregunta que más me inquieta: qué ocurre cuando uno se ha alejado tanto de sí mismo que ya no encuentra el camino de vuelta, cuando ni siquiera la propia sombra se queda a acompañarle. Lo escribí pensando en ese momento en que uno se sienta frente a su vida y no halla a nadie dispuesto a sostenerle la mirada. Ojalá algún lector se reconozca en él y sienta, al menos, que en ese frío no está solo.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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