Odio aquella tarde que causó mi pérdida.
Odio haber hablado
cuando debí guardar silencio.
Odio haber dicho que sí
cuando todo en mí gritaba que no.
Odio no saber poner límites.
Odio haber confundido compasión
con olvidarme de mí mismo.
Odio ser empático.
Odio sentir demasiado.
Odio que la vida de otros
me importe más que la mía.
Cómo odio sangrar por personas
que jamás se habrían detenido
a mirar mis heridas.
Los puse en un pedestal,
les entregué mi aprobación,
mi tiempo,
mi propia dignidad.
Y mientras los elevaba,
yo mismo me enterraba.
Cómo odio ser quien soy.
Cómo odio mirarme
y encontrar siempre al mismo.
El que promete cambiar
y termina repitiéndose.
El que quiere ser otro
porque no soporta al que es.
Odio aquella tarde
en la que mi vida cambió.
Pero más odio
haber necesitado perder algo
para entender que el amor
también debía empezar conmigo.
Nadie iba a venir a salvarme.
Y quizá ese fue el golpe que más dolió:
entender que llevaba años
esperando de otros
el amor que nunca me había dado.
Cómo odio mi vida.
Y aun así,
cada día la cargo conmigo.
Cada día la miro de frente.
Cada día sigo aquí,
aunque todavía no sepa
qué hacer conmigo.
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Autor:
monfer (
Online) - Publicado: 1 de octubre de 2026 a las 02:09
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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