monfer

Contrami

Odio aquella tarde que causó mi pérdida.

Odio haber hablado

cuando debí guardar silencio.

Odio haber dicho que sí

cuando todo en mí gritaba que no.

Odio no saber poner límites.

Odio haber confundido compasión

con olvidarme de mí mismo.

Odio ser empático.

Odio sentir demasiado.

Odio que la vida de otros

me importe más que la mía.

Cómo odio sangrar por personas

que jamás se habrían detenido

a mirar mis heridas.

Los puse en un pedestal,

les entregué mi aprobación,

mi tiempo,

mi propia dignidad.

Y mientras los elevaba,

yo mismo me enterraba.

Cómo odio ser quien soy.

Cómo odio mirarme

y encontrar siempre al mismo.

El que promete cambiar

y termina repitiéndose.

El que quiere ser otro

porque no soporta al que es.

Odio aquella tarde

en la que mi vida cambió.

Pero más odio

haber necesitado perder algo

para entender que el amor

también debía empezar conmigo.

Nadie iba a venir a salvarme.

Y quizá ese fue el golpe que más dolió:

entender que llevaba años

esperando de otros

el amor que nunca me había dado.

Cómo odio mi vida.

Y aun así,

cada día la cargo conmigo.

Cada día la miro de frente.

Cada día sigo aquí,

aunque todavía no sepa

qué hacer conmigo.