Disposición de los materiales

Antonio Portillo Spínola


​De niño desarmaba los relojes de cuerda
no para detener las horas,
sino por ver qué diente sostenía al resto.
​Las personas ceden por resortes más simples:
basta soltar la palabra precisa a cierta altura
y esperar los tres segundos
en que la mirada busca el suelo.
Ese es el ángulo exacto para pedir la llave.
​Luego firmo los papeles.
Apago la lámpara.
Recojo las monedas del platillo.

 

Antonio Portillo Spínola © 

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 30 de septiembre de 2026 a las 04:16
  • Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de un ejercicio: intentar escribir desde dentro de una mente sin empatía, la de alguien que mira a los demás como mecanismos y no como personas. Mi primer intento fue un largo monólogo en el que el hablante explicaba su frialdad, pero al releerlo comprendí que quien necesita explicarse todavía siente algo. Así que fui quitando versos hasta dejar solo lo que se ve. El niño que desarma relojes no quiere detener el tiempo, quiere saber qué pieza sostiene a las demás. De adulto aplica la misma curiosidad a las personas: descubre que basta una palabra dicha en el momento justo, y esperar esos segundos en que la mirada del otro baja al suelo, para obtener lo que quiere. No hay odio ni rabia, solo cálculo. El final no cuenta qué ha ocurrido. Solo muestra tres gestos: firmar, apagar la luz, recoger unas monedas. Lo terrible queda fuera del poema, en lo que el lector imagina detrás de esa lámpara apagada. Me interesaba que el miedo no viniera de lo que el personaje dice, sino de la calma con la que actúa.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.