Entre el sopor inquieto de los invitados, surge, flébil reclamo;
¿Más vino, no ha comprado?
Pregúntele, entonces a su amo.
Con vespertina congoja, responde el señor; limitado.
María, valerosa, percata el imprevisto.
Abordando a Jesús en privado.
"Tus prodigiosas manos, refulgen el llamado"
"Porque, sin vino, todos... se han quedado"
Les digo, con verdad; haced, con ímpetu; trigales de su voluntad.
Fraternal, oprimes mi rocicler corazón, que se inflama.
El viento del norte, no llega, en esta matinal mañana.
Aún, no brota, la llama del lucero.
Y mi hora de ensueño, aún no me llega.
María tan segura;
envolvió todo el valladar de falencia, en peregrino ánimo.
Ante tal zozobra, la ordenanza fué clara;
Seis tinajas, vistió con proeza divina.
Haciéndolas, llenar con agua muy cristalina.
Tras estelar milagro, vino dulce ondeaban los corazones.
Aligero, duplicaron el florear de las risas de la noche.
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Autor:
Sierdi (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 30 de septiembre de 2026 a las 03:27
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 1

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