Entre el sopor inquieto de los invitados, surge, flébil reclamo;
¿Más vino, no ha comprado?
Pregúntele, entonces a su amo.
Con vespertina congoja, responde el señor; limitado.
María, valerosa, percata el imprevisto.
Abordando a Jesús en privado.
\"Tus prodigiosas manos, refulgen el llamado\"
\"Porque, sin vino, todos... se han quedado\"
Les digo, con verdad; haced, con ímpetu; trigales de su voluntad.
Fraternal, oprimes mi rocicler corazón, que se inflama.
El viento del norte, no llega, en esta matinal mañana.
Aún, no brota, la llama del lucero.
Y mi hora de ensueño, aún no me llega.
María tan segura;
envolvió todo el valladar de falencia, en peregrino ánimo.
Ante tal zozobra, la ordenanza fué clara;
Seis tinajas, vistió con proeza divina.
Haciéndolas, llenar con agua muy cristalina.
Tras estelar milagro, vino dulce ondeaban los corazones.
Aligero, duplicaron el florear de las risas de la noche.