Carta a la soledad
Te confieso que tenía tantos planes y deseos de sentirte que me dolió tu repentina trashumancia. Desapareciste en silencio, hurtándome el adiós y dejando la magia del café en suspenso, junto a la ilusión de compartirlo con tu aroma.
Cuando estoy acompañado y tú no estás, valoro aún más lo que eres, mi solícita soledad, esa que me cubre de pétalos y perfume, y me colma de poemas nacidos de la sinergia que somos.
Un vínculo genuino e inherente como el nuestro no merece desvanecerse en la prisa ni en los arcanos instantes de la vida.
Creí que nos veríamos antes de evaporarte. Qué lástima que el tiempo no nos permitiera honrar en presencia el imán que nos une, ese refugio donde solo cabemos los dos.
Creo que no alcanzas a imaginar cuánto te extraño; solo Dios lo sabe, y tú, cómplice del tiempo y de la atmósfera, bien tienes que saberlo y airear de nuevo mis horas.
Nos debemos esa tregua frente a una taza de café, entre la sombra refrescante que eres y la solitud cobijante que soy, devolviéndome el silencio en el florido jardín de nuestro hábitat y existencia.
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Autor:
Rafael Parra Barrios (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 29 de septiembre de 2026 a las 18:25
- Categoría: Carta
- Lecturas: 1

Offline)
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