LAS LAGRIMAS DEL DOLOR

Alejandro Tejero Escribano

LAS LAGRIMAS DEL DOLOR

Ayer escribí el poema

Más penoso de mi vida

Que me causó gran herida.

 

Despierto, me he levantado

De la acogedora cama.

Abro la tele y quedado

Absorto por ver la llama

Roja que altura ha tomado,

Superando todo drama

Que ante tan grande tragedia

Mis problemas son parodia.                                                                                         

Abro la puerta, en la queja

De suspiros de mi esposa

Siento el dolor que refleja

La fatiga que la acosa,

Que le hace fruncir la ceja,

De tal manera angustiosa

Que una gran pena estremece

Al corazón que padece.

Todo hombre guarda dolor

En el alma con cordura

Que le causa siempre horror,

Si en sus ojos no hay ternura

Que le dio todo el amor

Para su vida futura,

Llenando de orgullo en vida

Sin poder ser evadida.

La lagrima hasta la puerta

De sus ojos rojos tiene,

Y en su mirada hay alerta

Del dolor que la sostiene.

La lagrima fluye abierta

Por su rostro que mantiene.

Testigo soy del dolor

Que ver me causa terror.  

La arruga observo en su frente

Que el sufrir marcada deja

Y tengo pena impotente,

En sentido de su queja,

Que mi corazón latente

Con todo rigor refleja;

No soporta más presión

Por el gesto que emitió.

En el silencio de oscura

Soledad tan tormentosa

Parar quiero la locura

Del fiero potro que acosa

A mujer que desfigura,

Compañera fiel esposa.

El dolor pierde figura,

Mas se aprecia su locura.

Una tal social cultura

Dice ya muy arraigada:

Nunca del hombre es postura

Y su honra es ya mancillada,

Pues con el llanto la pura

Virilidad queda ajada

Y me duele hasta el suspiro

Por la herida que ya admiro.

Al cielo implorando elevo

Una oración que dijera:

Contra el dolor me sublevo

Y el negro manto moviera;

Que la amo y lo sobrellevo

Cual si el dolor propio fuera.

Mas si mi confianza pierde,

Que siempre mi amor recuerde.

La pena tu rostro cubre

Marchito por el dolor,

No sé si gran odio encubre

Desprecio, gran desamor,

Tristeza, angustia, lúgubre …

Mas ella tiene mi amor;

Que lo diga no permite,

Pues con su gesto no admite.

Llorando ando muy doliente,

Como testigo en la tierra,

Para sacar de la mente

Ese mal que tanto aterra;

Esa espina que es hiriente

Y a la persona se aferra,

Que para mí es irritante

Por no tener su calmante.

El dolor sentido en su alma

Cambie en risa su fisura;

Los suspiros que sin calma

No rompan ya su figura

Cuando tal luego se encalma;

Y vuelva el sol de ternura

Que iluminó ya su infancia

Y la vistió de elegancia.

 

29 oct.2026. Gijón, Alejandro Tejero Escribano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ver métrica de este poema
  • Autor: esteal38 (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 4 de octubre de 2026 a las 08:37
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.