LAS LAGRIMAS DEL DOLOR
Ayer escribí el poema
Más penoso de mi vida
Que me causó gran herida.
Despierto, me he levantado
De la acogedora cama.
Abro la tele y quedado
Absorto por ver la llama
Roja que altura ha tomado,
Superando todo drama
Que ante tan grande tragedia
Mis problemas son parodia.
Abro la puerta, en la queja
De suspiros de mi esposa
Siento el dolor que refleja
La fatiga que la acosa,
Que le hace fruncir la ceja,
De tal manera angustiosa
Que una gran pena estremece
Al corazón que padece.
Todo hombre guarda dolor
En el alma con cordura
Que le causa siempre horror,
Si en sus ojos no hay ternura
Que le dio todo el amor
Para su vida futura,
Llenando de orgullo en vida
Sin poder ser evadida.
La lagrima hasta la puerta
De sus ojos rojos tiene,
Y en su mirada hay alerta
Del dolor que la sostiene.
La lagrima fluye abierta
Por su rostro que mantiene.
Testigo soy del dolor
Que ver me causa terror.
La arruga observo en su frente
Que el sufrir marcada deja
Y tengo pena impotente,
En sentido de su queja,
Que mi corazón latente
Con todo rigor refleja;
No soporta más presión
Por el gesto que emitió.
En el silencio de oscura
Soledad tan tormentosa
Parar quiero la locura
Del fiero potro que acosa
A mujer que desfigura,
Compañera fiel esposa.
El dolor pierde figura,
Mas se aprecia su locura.
Una tal social cultura
Dice ya muy arraigada:
Nunca del hombre es postura
Y su honra es ya mancillada,
Pues con el llanto la pura
Virilidad queda ajada
Y me duele hasta el suspiro
Por la herida que ya admiro.
Al cielo implorando elevo
Una oración que dijera:
Contra el dolor me sublevo
Y el negro manto moviera;
Que la amo y lo sobrellevo
Cual si el dolor propio fuera.
Mas si mi confianza pierde,
Que siempre mi amor recuerde.
La pena tu rostro cubre
Marchito por el dolor,
No sé si gran odio encubre
Desprecio, gran desamor,
Tristeza, angustia, lúgubre …
Mas ella tiene mi amor;
Que lo diga no permite,
Pues con su gesto no admite.
Llorando ando muy doliente,
Como testigo en la tierra,
Para sacar de la mente
Ese mal que tanto aterra;
Esa espina que es hiriente
Y a la persona se aferra,
Que para mí es irritante
Por no tener su calmante.
El dolor sentido en su alma
Cambie en risa su fisura;
Los suspiros que sin calma
No rompan ya su figura
Cuando tal luego se encalma;
Y vuelva el sol de ternura
Que iluminó ya su infancia
Y la vistió de elegancia.
29 oct.2026. Gijón, Alejandro Tejero Escribano.