No toco en ti la herida de los días
sino un destello dócil y encendido;
tu piel me da la calma de una casa
donde jamás ha entrado el tiempo frío.
Bajo el cristal sonámbulo del pecho,
tu voz no suena: vibra como un coro,
y esa señal que cruza por tu frente
se vuelve un trazo de metal y oro.
Miras despacio y el paisaje cede,
la sombra se retira a tu costado;
te creo eterno porque el miedo calla
cuando te tengo cerca y desarmado.
Pero de pronto apoyas en la mesa
tu mano con un peso fatigado:
y el resplandor se apaga, y solo quedas
tú, respirando a tientas a mi lado.
Antonio Portillo Spínola ©
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 29 de septiembre de 2026 a las 03:23
- Comentario del autor sobre el poema: El cristal sonámbulo habla de una forma de amar que todos hemos conocido alguna vez: la que no ve al otro tal como es, sino como necesitamos que sea. Durante las tres primeras estrofas, el que ama mira a la persona amada a través de un cristal, el de su propio pecho, y lo que ve está transfigurado. No toca la herida de los días, sino un destello. Su piel es una casa donde nunca ha entrado el tiempo frío. Su voz no suena, vibra como un coro, y hasta la marca que le cruza la frente se convierte en un trazo de oro. El paisaje se rinde a su paso y las sombras se apartan. Es una mirada sonámbula, que ve de verdad pero dormida, sin saber que está soñando. En la tercera estrofa aparece el porqué de ese hechizo: "te creo eterno porque el miedo calla". Idealizar al otro es también una forma de protegerse, de no pensar en su fragilidad ni en que un día puede faltar. Y entonces llega el gesto que lo cambia todo, un gesto mínimo, doméstico: una mano que se apoya en la mesa con cansancio. El tiempo entra en esa casa donde se creía que nunca entraría. El resplandor se apaga, y lo que queda no es una decepción, sino alguien real, cansado, respirando a tientas al lado. El poema termina ahí, en ese despertar. Porque quizá el amor más verdadero no es el que ve milagros, sino el que, cuando el brillo se apaga, sigue quedándose al lado del otro, escuchándolo respirar.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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