Ayer la risa, la voz firme y cálida,
los planes maquinados con soltura,
y hoy, la luz que se apaga en la montura
de una ventana trémula y descalza.
¡Qué frágil es el hilo que sostenemos!
Un parpadeo, un soplo, tan solo un segundo,
y se quiebra de golpe este ancho mundo
dejándonos a solas con lo que somos.
A un minuto del brindis y del abrazo,
con la mesa servida para el festejo,
se quiebra la voz frente al espejo
y la vida se apaga de un tironazo.
Un suspiro no más, la víspera gozosa,
el corazón que frena su ritmo sereno,
y la vela encendida sobre el terreno
se queda sin llama, sola y silenciosa.
Si supiera la gente lo sombrío
que resulta perderse en la amargura,
no gastaría en rabia ni en cordura
la hora fugaz de su albedrío.
No habría espacio para el grito vano,
ni para el daño, ni la ira que ciega;
la vida es una tarde que se entrega
y se nos va deprisa de la mano.
Buscaríamos la paz en lo sencillo,
el refugio sereno de la casa,
mirar cómo el invierno lento pasa,
sentir en la piel el primer brillo.
Disfrutar de la vida en su presencia,
la lealtad sin palabras, la entrega fiel,
entender que el presente es lo esencial
y que el amor es nuestra única herencia.
Hoy estamos aquí, mañana no sabemos;
el mundo es tan sensible, tan callado...
Aprender a querer lo que nos ha tocado,
antes de que sea tarde y nos retiremos.
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Autor:
Pandy Andy (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de septiembre de 2026 a las 00:14
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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