Pandy Andy

​Un suspiro no más

​Ayer la risa, la voz firme y cálida,

los planes maquinados con soltura,

y hoy, la luz que se apaga en la montura

de una ventana trémula y descalza.

​¡Qué frágil es el hilo que sostenemos!

Un parpadeo, un soplo, tan solo un segundo,

y se quiebra de golpe este ancho mundo

dejándonos a solas con lo que somos.

​A un minuto del brindis y del abrazo,

con la mesa servida para el festejo,

se quiebra la voz frente al espejo

y la vida se apaga de un tironazo.

​Un suspiro no más, la víspera gozosa,

el corazón que frena su ritmo sereno,

y la vela encendida sobre el terreno

se queda sin llama, sola y silenciosa.

​Si supiera la gente lo sombrío

que resulta perderse en la amargura,

no gastaría en rabia ni en cordura

la hora fugaz de su albedrío.

​No habría espacio para el grito vano,

ni para el daño, ni la ira que ciega;

la vida es una tarde que se entrega

y se nos va deprisa de la mano.

​Buscaríamos la paz en lo sencillo,

el refugio sereno de la casa,

mirar cómo el invierno lento pasa,

sentir en la piel el primer brillo.

​Disfrutar de la vida en su presencia,

la lealtad sin palabras, la entrega fiel,

entender que el presente es lo esencial

y que el amor es nuestra única herencia.

​Hoy estamos aquí, mañana no sabemos;

el mundo es tan sensible, tan callado...

Aprender a querer lo que nos ha tocado,

antes de que sea tarde y nos retiremos.