Calló la noche en mi prisión oscura,
rindió mi cuerpo el sueño, ya vencido,
y el pensamiento, del sentido huido,
midió del orbe la extensión y hondura;
buscó mi mente inaccesible altura,
miré del mundo el esplendor tendido,
por abarcarlo, nada fue sabido,
mi luz murió en la más honda espesura.
Por grados fui sondando lo creado,
y cuanto más sabía, más crecía
la conciencia de hallarme limitado;
mas firme el juicio en su desvelo ardía,
hirióme el alba y desperté abrasado,
cuanta más luz, más noche me envolvía.
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Autor:
Javier Julián Enríquez (
Online) - Publicado: 27 de septiembre de 2026 a las 10:13
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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