Javier Julián Enríquez

La docta ignorancia

Calló la noche en mi prisión oscura,
rindió mi cuerpo el sueño, ya vencido,
y el pensamiento, del sentido huido,
midió del orbe la extensión y hondura;

 

buscó mi mente inaccesible altura,
miré del mundo el esplendor tendido,
por abarcarlo, nada fue sabido,
mi luz murió en la más honda espesura.

 

Por grados fui sondando lo creado,
y cuanto más sabía, más crecía
la conciencia de hallarme limitado;

 

mas firme el juicio en su desvelo ardía,
hirióme el alba y desperté abrasado,
cuanta más luz, más noche me envolvía.