El Golpe De No Volver

LA MECHE Y WCELOGAN 🔛



EL GOLPE DE NO VOLVER

 

 

 

 

Uno trata de llevarse bien con la gente.

 

De verdad que sí.

 

Uno saluda,

pregunta cómo amaneció,

comparte el café,

presta la pala,

pone la otra mejilla...

 

aunque ya la tenga

como nalga de mandril.

 

Uno dice:

 

—Tranquilo, compa,

no pasa nada.

 

Y sí pasa.

 

¡Claro que pasa!

 

Pasa que hay gente

que confunde educación

con pendejada.

 

Uno les tiende la mano

y se agarran del brazo.

 

Uno les abre la puerta

y entran hasta con el perro,

la suegra

y los problemas que dejaron

en la casa del carajo.

 

Y uno...

 

como buen animal de costumbre,

 

aguanta.

 

Porque uno fue criado

entre cafetales,

gallinas,

barro en las botas

y la vieja costumbre

de no mandarle a nadie

la mierda a la cara.

 

Pero todo tiene un límite.

 

Hasta el río

se cansa de cargar hojas muertas.

 

Y un día uno se pregunta:

 

¿Para qué carajos

quiero caerle bien

a alguien que disfruta

haciéndome la vida difícil?

 

Entonces cambia la cosa.

 

Ya no discuto.

 

No explico.

 

No escribo testamentos

para que un imbécil comprenda

lo que un ser humano decente

habría entendido

a la primera.

 

Simplemente me aparto.

 

Como quien cierra

la tranquera del potrero

y deja al ganado

bramando del otro lado.

 

Que sigan.

 

Que hablen.

 

Que se cuenten entre ellos

la novela donde yo soy el malo.

 

Me importa un carajo.

 

Se quedan esperando

a que uno se vaya

para darse cuenta

de que se quedaron solos.

 

¡Qué puta!

 

¿Será que solo así entienden?

 

Ese golpe

no deja moretones,

pero tampoco deja visitas.

 

Y cuando uno aprende

a caminar sin cargar

personas que pesan más

que un saco de cemento mojado...

 

qué maravilla...

 

hasta el camino parece distinto.

 

Así que no te deseo mal.

 

Tampoco te deseo bien.

 

Te deseo exactamente

lo que tanto buscabas:

 

que sigas siendo tú.

 

Pero lejos de mí.

 

Bien lejos.

 

Tan lejos,

que si algún día

nos cruzamos en la calle,

 

podrás saludarme.

 

Y yo,

 

con toda la educación

que todavía me queda,

 

te voy a devolver

el saludo.

 

Con una sonrisa.

 

Con la cabeza.

 

Y con los huevos

de seguir caminando.

  • Autor: Wii (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 27 de septiembre de 2026 a las 07:23
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 2


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