Me asomo

Alberto Escobar

 

 

La tarde está en su sazón,
plena de luz, palpitante, 
la canícula ya traspuesta,
y hay, desde aquí, un silencio
—o quizá sea uno de esos 
que solo percibe quien escribe— .
El oleaje del tráfico queda 
a la distancia justa, tanto 
que me siento en una casa 
a pie de playa, de esas que ya 
son historia, donde el mar
es un cuadro más del salón
y la odisea diaria de los pescadores
argumento de una película, un libro, 
motas de polvo en un hogar limpio.
La tarde se va despidiendo lenta,
le queda concierto aún, y envejece
como quien se cuida y frisa 
la cincuentena confiado 
en ganarle el pulso a una vida
que siempre gana, como la banca. 
La tarde... no existe, solo su luz,
tinta para lo que me fluye,
esto que escribo, y me veo disuelto
en el mismo placer de quien 
se asoma a una baranda antigua, 
a una vendimia en plena faena,
con un lagar allí, a la derecha,
una casa blanca con hastial ocre,
y al lado una bodega, monumental,
donde los caldos esperan su turno,
callados, jóvenes, inocentes....

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  • Autor: Albertín (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 25 de septiembre de 2026 a las 14:43
  • Comentario del autor sobre el poema: Sigo recurriendo a la metapoesía—debe de ser que me gusta, jaja—.
  • Categoría: Carta
  • Lecturas: 1


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