Entonces, recuerda que Julia tiene esa forma maldita de olvidarlo todo y reaccionar como si nada hubiera pasado, busca el contacto y le da llamar, suena una vez y cuelga, es tarde basta una vez para que ella sepa que la llamó, ahora lleva cuarenta minutos esperando que suene de vuelta y pregunte para qué rayos la llama.
Camina por la casa convenciéndose de que está haciendo algo y revisa el teléfono cada tres minutos, aun cuando está con el tono activado, aun cuando no está haciendo nada, así termina el sábado, sin nada, siendo un nadie peor que antes, termina como aquellos sábados donde miraba el celular cada cinco minutos sin que Wendy lo viera pendiente de algo y se alegra por no tener que ocultar ese estado de ansiedad, esa ansiedad de mierda a nadie, aunque esa alegría le parece aún más que patética, alegrarse por volver a sentirse así, es realmente patético
¿y si ya no tiene ese número?, justo ahora se le ocurre pensarlo, después de malgastar toda la tarde en una espera inútil y vergonzosa, sólo hay una forma de averiguarlo, tendría que llamar nuevamente, pero si aún lo es, ¿qué le va a decir?, inventando ese guion absurdo que todos nos hemos inventado alguna vez, se duerme.
La mañana del domingo está nublada totalmente y su idea de salir de la casa se acabó justamente ahí, extrañó de pronto el sol y el calor del valle en verano, preparándose el desayuno iba a revisar el teléfono, pero de la rabia lo tiró al sofá, ¡maldita sea hoy no iba a ser igual al sábado!, pasó todo el día viendo cualquier cosa en Netflix y tratando de dormir, mientras lo intentaba recordó el día en que fue a dejar a Julia a su apartamento y ella lo invitó a pasar, antes de ese día toda su vida había sido más fácil, por primera vez se arrepintió no sólo de entrar sino de conocerla, luego recordó lo incisiva que era con sus cuestionamientos sobre lo humano y se preguntó si Julia había sido lo único real que le había pasado, si las cosas reales traían consigo el desasosiego, si la felicidad así como él la había creído no era cierta, o si la felicidad había sido para él tan rara como para no disfrutarla.
Ahí estaba otra vez, pensando en ella, preguntándose qué habría dicho ella en tal o cual situación y reconociendo que era a la única persona a la que le había mostrado esa parte oscura de su cabeza que raramente era la más sensible también, eso los llevaba a una verdad tosca y casi hermosa entre los dos, sabía que hasta ese día seguía extrañando aquel sexo apasionado y vulgar con la impronta de una violencia siempre bien llevada por ella, extrañaba aún más esa intimidad de las palabras, esa otra violencia explícita que Julia usaba para hablar y que más que herirlo lo hacía cómplice, cómplice de sus ideas, de sus conclusiones del mundo, pero sobre todo de sus preguntas, no había nada de Julia que lo lastimara, nunca lo hubo hasta ese día, supo que el silencio de esa mujer lo destrozaba aun después de tanto tiempo.
Se hizo de noche en un bucle de pensamientos absurdos, reaccionó un segundo y tomó el teléfono para buscar que ver y ahí estaba un mensaje de Julia a las 3:48 de la mañana, ¿quién escribe a esa hora, maldita sea? mientras le cambió de golpe la respiración, no dejaba de maldecirse por no haber visto el teléfono cuando iba a desayunar, en la pantalla se leía parte del mensaje: “en la tarde ¿estabas con....” lo abre de inmediato y termina… Wendy?, eso era todo, una pregunta y además una pregunta estúpida, por qué Wendy, nunca, Julia nunca la mencionó bajo ninguna circunstancia, porqué ahora preguntaba por ella o lo peor por ellos.
Duda varios minutos en contestar, igual llevaba horas sin contestarle, y la respuesta fue más estúpida que la pregunta: ¿por qué?, no podía solo responder que no, que no estaba con ella.
Inmediatamente:
Julia - estás con ella acá o no, es fácil.
Él- Nooo
Julia – Yorks, a las 8pm
Él – Ok
Después de tantos años esa era la conversación, era como si hubieran hablado hace tres días. Volvió a sentir el enojo que le causaba esa forma de hacer como si nada hubiera pasado, ni siquiera los años, pero más rabia le dio verse frente al espejo examinando como se veía, cómo lo vería ella y aún más rabia de saber que iría al café.
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Autor:
la flaca (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 24 de septiembre de 2026 a las 23:44
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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