La carnicería debe de estar abierta,
todavía, me dijo alguien del bloque
de al lado que se quedan tarde
porque saben que hay vecinos
que llegan tarde, e incluso,
para facilitarles la cena,
precocinan platos para que
quien llega cansado sin ganas
de nada que no sea sofá y tele
no tenga que hacer otra cosa
que poner al micro el plato,
tal y como se lo lleva a casa, sin
quitarle ni ponerle nada, y solo
añadir una cerveza fría —si le sale
al vecino cansado— para solventar
la cena ricamente, sin despeinarse
diría, una verdadera labor social.
Bajo en un momento, me pongo
cualquier cosa, no hace frío todavía,
el verano se agarra al paisaje
como un amante que se va perdiendo,
es septiembre, finales, y hasta los santos
no sentiremos la necesidad de abrigo;
voy a bajar porque me estoy distrayendo
contándote lo que te cuento;
tengo hambre, acabo de escuchar
al estómago quejarse, me pondré
cómodo, me sentaré delante de una tv
que a ver qué me suelta, añadiré
una cerveza, espero que fría,
comeré lento, poniendo toda el alma
en los dientes, en los labios y la boca,
y que el excelente sabor de la carne
me abarrote por dentro como nunca,
ahora no produzco, paréntesis,
que algo tan de cada día
me haga caer en lo que guarda
de extraordinario, una epifanía.
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Autor:
Albertín (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 24 de septiembre de 2026 a las 17:13
- Comentario del autor sobre el poema: No preví, qué ceno, menos mal que hay negocios de barrio que están conectados, en los que no solo importa el número.
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 1

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