Ya no negocio el pulso con los años,
ni le pregunto al miedo qué pretende;
he visto arder mis mapas cotidianos
y sé que hasta la brújula se pierde.
Aprendí a convivir con mis naufragios,
a no llamar fracaso a lo que muere;
hay cicatrices que parecen labios
cuando la piel recuerda lo que puede.
Ya no me urge vencer a los espejos,
ni corregir mi sombra cuando yerra;
dejé que el tiempo peinara reflejos
con ese peine gris que usa la tierra.
Camino sin pedirle al mundo cuentas,
con una paz antigua entre los huesos;
no me asustan puertas entreabiertas
ni el raro laberinto de los hechos.
He vuelto más despacio hacia mí mismo,
con menos equipaje y más preguntas;
y comprendí que también el abismo
Se hace mas habitable cuando escuchas
No tengo que explicarle mi silencio
a quien confunde calma con derrota;
un extraño fulgor en lo que pienso,
es una lámpara que no se agota.
Si alguna vez me pierdo, no me aflijo:
ya conozco la música y regreso;
el hombre que fui todavía es mi hijo,
pero el que soy no le debe su peso.
Y aquí me quedo, al margen del estruendo,
sin pedirle permiso a la mañana;
con mis años a cuestas, comprendiendo
que yo me pertenezco: y eso basta.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de septiembre de 2026 a las 08:09
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1
- En colecciones: POESÍA FILOSÓFICA.

Offline)
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