Habitamos un país abierto
hacia todo aquello que no sabe
que no sé que existe
sin nosotros… y tú
dijiste que ya no te irías,
pero te marchaste de nuevo.
Tomaste el horizonte
y así esperé el paso de los días,
hasta olvidar casi por completo
que existían para el amor
otros remedios.
Persistimos en la herida punzante,
sin buscar la cicatriz.
Vacíos del conocimiento de nosotros mismos,
nos rompemos la cabeza,
nos golpeamos sin compasión
y nos negamos a despertar del sueño.
Preferimos la fiebre
a la intemperie de la lucidez;
la costumbre del abismo
a la incertidumbre del primer paso.
Así aprendimos a vivir:
confundiendo el eco con la voz,
la ruina con el hogar,
y la memoria con el destino.
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Autor:
Isel (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 23 de septiembre de 2026 a las 00:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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