Luz en hielo derretido
desliza su tibia masa
sobre almas de contorno difuso,
mientras la piedra gargantea
el derrame constante de los minutos.
Murmullo de agua,
apenas un rocío,
que humedece, sin ahogar,
la superficie agrietada de la memoria.
Negra exuberancia alada
corta el aire del vergel,
los mirlos, en su vigilia ciega,
dibujan laberintos a saltos y correrías.
Rastrean la vida minúscula entre la tierra,
con ojos de azabache y orla de oro
que miden la distancia
entre el instinto y la calma.
Es el jardín, un pensamiento esculpido,
mitad del deseo, congelada
en la geometría estática de la flor,
diseño vegetal que detiene el tiempo.
Mientras el palacio
permanece inmóvil, sempiterno,
lígrimo y frío, en el eco de lo intacto,
se rompe el tiempo con el frío impacto.
Y en esa mitad inmóvil de la belleza,
la humanidad entera se asoma,
respira el reposo con sorpresa
y pronuncia, al fin, su paz abierta.
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 22 de septiembre de 2026 a las 13:05
- Comentario del autor sobre el poema: A los jardínes de Sabatini, palacio Real de Madrid
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Online)
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