El Ulise sin abrigo II

racsonando



 
 
EL ULISES SIN ABRIGO II

Y entonces, ahora,

en este preciso instante…

¿Qué esperas tú de mí cuando te veo?

¿Qué esperas tú de mí cuando te ansío?

¿Qué esperas de mí cuando te busco?

¿Qué esperas de mí cuando te sueño?

Y si hay orillas de otros mares prometidos,

y si en mis luchas que agotan el olvido

hay mil ojos que me declaran fallecido,

y si tus ojos de mares encendidos

tejen velas de esperanzas, de despidos…

¡izas velas con vientos al olvido!

 

Y yo me hallo: náufrago, barco a la deriva,

llanto y sal amarga beben mis sentidos.

Oh mi Ítaca, mi sangre y la tierra de mi alivio,

oh mi Ítaca, mi Penélope y mi dolor en este exilio.

Y entonces,

si doy un paso y mi reloj de viajero

pernocta en pálpitos errantes...

Tú bien sabes que soy marino incansable

y todo un mar de peces prohibidos.

Tú me has dicho que en mis lluvias de metáforas

los peces deambulan, se empecinan…

que son cardúmenes de risas y delirios,

que mis rimas hieden al tridente

y a un hado desconocido.

¡Y que ya no hay ninfas en mis llantos!

Que yo, Ulises,

seguiré siendo una estrofa sin tu abrigo.

 

¿Qué esperas tú de mí cuando te hablo?

Y si tu propia voz es una herida,

Deidad de nada arrepentida,

¿a dónde esperas que vayan mis exilios?

¿Qué esperas?

¿Que mi poema te abrace de delirios

y hasta tu puerta me declare al fin vencido?

 

Y entonces,

ahora, en este preciso instante…

soy Ulises sin abrigo,

náufrago de tus mares encendidos,

peregrino de tus ojos prometidos.

Oh mi Ítaca, mi alivio,

oh mi Ítaca, mi dolor en exilio,

te nombro en cada ola que me hiere,

te nombro en cada viento que me olvida.

 

¿Qué esperas tú de mí cuando te hablo?

Que mi voz sea naufragio,

que mi verso sea abrigo,

que mi poema sea barco

y al fin… tu puerto del hombre que ha vencido.

 

Racsonando Ando Oscar Arley Noreña Ríos

 
 
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