I. El que perdona
Guardé la herida como guarda el fuego,
cebando la ceniza con desvelo,
buscando en el rencor algún consuelo
sin ver que en esa celda viví ciego.
Hoy suelto la presión de cada dedo.
No borro la memoria ni su daño,
mas no daré a la queja un nuevo año:
dejo caer la piedra de mi miedo.
Te nombro sin el filo de aquel juicio;
soltarte es derribar tanta muralla,
dejar morir la cólera y la batalla
al borde de aquel hondo precipicio.
II. El perdonado
Llevaba el fardo atado a cada paso,
un hierro endurecido en la mirada,
temiendo hallar la puerta clausurada
y el tiempo consumiéndose en su ocaso.
Esperaba el rigor de la sentencia,
la cólera encendida de tu ceño,
pero encontré tu gesto sin desdeño
y un silencio más hondo que la ausencia.
No tengo con qué honrar lo que me entrega
tu mano abierta, libre de la reja;
tu voz no borra el mal, pero lo aleja,
y el mar de la zozobra no me anega.
Antonio Portillo Spínola ©
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de septiembre de 2026 a las 04:22
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema contempla el perdón desde sus dos orillas: la de quien ha sido herido y decide abandonar el rencor, y la de quien carga con el daño causado y espera las consecuencias de sus actos. En la primera parte, perdonar no significa borrar la memoria, negar la herida ni justificar lo sucedido. Significa soltar la piedra que mantenía cerrada la mano y comprender que alimentar la cólera prolonga la prisión interior. Quien perdona no libera únicamente al otro: también derriba los muros que había levantado alrededor de sí mismo. En la segunda parte habla el perdonado, que llega cargando la culpa y temiendo encontrar una puerta cerrada. Sin embargo, recibe una serenidad que no elimina el mal cometido, pero lo aparta del presente y le permite dejar de vivir bajo su peso. Las dos voces se encuentran en una misma verdad: el pasado no puede cambiarse, pero sí puede impedirse que continúe gobernando la vida. El perdón no declara inocente a quien causó el daño; rompe la cadena que mantenía unidos al ofendido y al culpable dentro de la misma herida.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 53
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, Mª Pilar Luna Calvo, JordiCris ✍️, Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., Hernán J. Moreyra, Lourdes Aguilar, Daniel Omar Cignacco, alicia perez hernandez, racsonando, Jaime Correa, RIVAS JOSE, Axioma, Pedro Novoa Pavon Novoa

Offline)
Comentarios3
Muy buen trabajo.
Saludos poeta Spinoport
Muchas gracias, Salvador. Me alegra que hayas pasado por estas dos orillas y dejado tu huella. Un abrazo, poeta.
Idem.
Saludos
Quien es perdonado se puede redimir, pero quien perdona se libera de todo mal.
Te nombro sin el filo de aquel juicio;
soltarte es derribar tanta muralla,
dejar morir la cólera y la batalla
al borde de aquel hondo precipicio. y
No tengo con qué honrar lo que me entrega
tu mano abierta, libre de la reja;
tu voz no borra el mal, pero lo aleja,
y el mar de la zozobra no me anega.
Todo dicho mi queirdo Antonio
Así es, mi querido Jordi: quien es perdonado encuentra la posibilidad de redimirse, pero quien perdona recupera la libertad que el rencor le había quitado. Has unido las dos orillas del poema y señalado precisamente el lugar donde ambas se encuentran. Gracias por leerme siempre con tanta profundidad. Un fuerte abrazo.
A ti mi querido amigo
Un excelente poema. Felicitaciones desde Venezuela. Eladio Rodulfo
Muchas gracias, Eladio, por tu lectura y tus generosas palabras. Recibe un afectuoso abrazo desde España hasta Venezuela.
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