Te sientas en el trono de tu propia alabanza,
reina en tus ojos una fría quietud,
mientras mides el mundo con una balanza
que siempre se inclina a tu exacta virtud.
reina en tus ojos una fría quietud,
mientras mides el mundo con una balanza
que siempre se inclina a tu exacta virtud.
Te vistes de gala con la culpa ajena,
el daño te causa una extraña emoción;
si el barco se hunde o la plaza se llena,
tú solo vigilas tu propia actuación.
el daño te causa una extraña emoción;
si el barco se hunde o la plaza se llena,
tú solo vigilas tu propia actuación.
Qué limpio es tu juego de herir de pasada,
qué libres tus manos de toda empatía;
escupes verdades con mueca ensayada
y cobras el llanto como regalía.
qué libres tus manos de toda empatía;
escupes verdades con mueca ensayada
y cobras el llanto como regalía.
Te aplaudes a solas sabiendo el engaño,
espejo que adoras y no da calor.
Qué astuto te crees flotando en el daño,
qué solo te quedas en tu propio honor.
espejo que adoras y no da calor.
Qué astuto te crees flotando en el daño,
qué solo te quedas en tu propio honor.
-
Autor:
ANTONIO BALGAL (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de septiembre de 2026 a las 20:11
- Comentario del autor sobre el poema: Al buen entendedor pocas palabras...
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 1

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.