Nace la luz desnuda, sin ropajes,
un filo blanco que no sabe herir
más que arrancando sombras del linaje
de quien prefiere callar y sonreír.
Frente a su fuego avanza la quimera:
la seda tibia de una voz sin sal,
la falsedad vestida en primavera
que amortigua el desgarro del cristal.
Luchan a campo abierto y sin cuartel.
Una reclama el hueso del sentido;
la otra dibuja mapas en la piel
para salvar del vértigo al herido.
Clava la certidumbre su mirada,
mientras el fraude teje la expiación;
ninguna cede el cetro ni la espada
al repartirse nuestra rendición.
Y en medio, la estirpe: cómplice y testigo;
tememos tanto al rayo como al velo,
y confundimos sombras con abrigo
para inventar la propia paz de hielo.
No desterramos nunca a la impostora
ni soportamos la verdad escueta;
hacemos de su herida abrasadora
una marea dócil y secreta.
Con el engaño alzamos un escudo
para cruzar la intemperie del dolor,
y con la fe volvemos sobre el nudo
que restituye el peso a nuestro honor.
Cenan del mismo plato, lado a lado,
huéspedes en el pecho del mortal:
hacemos de la sombra un aliado
y del destello limpio, el tribunal.
Monstruos sagrados de feroz semblante,
así aprendimos a vivir despiertos:
empuñando una lumbre vacilante
mientras el mito abriga a nuestros muertos.
Antonio Portillo Spínola ©
-
Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 16 de septiembre de 2026 a las 06:52
- Comentario del autor sobre el poema: El banquete de las dos orillas reflexiona sobre la convivencia inevitable entre la verdad y el engaño. La verdad aparece como una luz desnuda: ilumina, pero también hiere al arrancarnos las sombras con las que nos protegemos. Frente a ella, la falsedad adopta una apariencia amable y seductora, capaz de amortiguar aquello que quizá no podríamos soportar directamente. El ser humano permanece entre ambas fuerzas. Necesita la certidumbre para reconocer el peso de lo real, pero también recurre a ciertas ficciones para atravesar el dolor. Por eso no logra expulsar completamente al engaño ni aceptar la verdad sin defensas: transforma su enfrentamiento en una forma de supervivencia. La fe cumple una función distinta. No sustituye a la verdad ni se confunde con la mentira, sino que permite volver sobre las heridas y anudar de nuevo aquello que el sufrimiento había deshecho. Es la posibilidad de recuperar sentido, dignidad y esperanza cuando la certeza por sí sola no basta. El banquete representa esa negociación íntima. Verdad y falsedad cenan del mismo plato porque ambas habitan en nosotros: una actúa como refugio y la otra como tribunal. La imagen final reconoce que vivimos empuñando una luz insegura, mientras los mitos, los recuerdos y la poesía abrigan a quienes hemos perdido.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: JordiCris ✍️

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