El banquete de las dos orillas

Antonio Portillo Spínola



 

​Nace la luz desnuda, sin ropajes,

un filo blanco que no sabe herir

más que arrancando sombras del linaje

de quien prefiere callar y sonreír.

​Frente a su fuego avanza la quimera:

la seda tibia de una voz sin sal,

la falsedad vestida en primavera

que amortigua el desgarro del cristal.

​Luchan a campo abierto y sin cuartel.

Una reclama el hueso del sentido;

la otra dibuja mapas en la piel

para salvar del vértigo al herido.

​Clava la certidumbre su mirada,

mientras el fraude teje la expiación;

ninguna cede el cetro ni la espada

al repartirse nuestra rendición.

​Y en medio, la estirpe: cómplice y testigo;

tememos tanto al rayo como al velo,

y confundimos sombras con abrigo

para inventar la propia paz de hielo.

​No desterramos nunca a la impostora

ni soportamos la verdad escueta;

hacemos de su herida abrasadora

una marea dócil y secreta.

​Con el engaño alzamos un escudo

para cruzar la intemperie del dolor,

y con la fe volvemos sobre el nudo

que restituye el peso a nuestro honor.

​Cenan del mismo plato, lado a lado,

huéspedes en el pecho del mortal:

hacemos de la sombra un aliado

y del destello limpio, el tribunal.

​Monstruos sagrados de feroz semblante,

así aprendimos a vivir despiertos:

empuñando una lumbre vacilante

mientras el mito abriga a nuestros muertos.

​Antonio Portillo Spínola ©

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 16 de septiembre de 2026 a las 06:52
  • Comentario del autor sobre el poema: El banquete de las dos orillas reflexiona sobre la convivencia inevitable entre la verdad y el engaño. La verdad aparece como una luz desnuda: ilumina, pero también hiere al arrancarnos las sombras con las que nos protegemos. Frente a ella, la falsedad adopta una apariencia amable y seductora, capaz de amortiguar aquello que quizá no podríamos soportar directamente. El ser humano permanece entre ambas fuerzas. Necesita la certidumbre para reconocer el peso de lo real, pero también recurre a ciertas ficciones para atravesar el dolor. Por eso no logra expulsar completamente al engaño ni aceptar la verdad sin defensas: transforma su enfrentamiento en una forma de supervivencia. La fe cumple una función distinta. No sustituye a la verdad ni se confunde con la mentira, sino que permite volver sobre las heridas y anudar de nuevo aquello que el sufrimiento había deshecho. Es la posibilidad de recuperar sentido, dignidad y esperanza cuando la certeza por sí sola no basta. El banquete representa esa negociación íntima. Verdad y falsedad cenan del mismo plato porque ambas habitan en nosotros: una actúa como refugio y la otra como tribunal. La imagen final reconoce que vivimos empuñando una luz insegura, mientras los mitos, los recuerdos y la poesía abrigan a quienes hemos perdido.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2
  • Usuarios favoritos de este poema: JordiCris ✍️


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