Contemplo el rostro del árbol más bello;
tan alto que pienso en un río de pie,
y tan frondoso
que es un cielo de aplausos.
Su sombra es un castillo
y la manera tan suya que tiene de pestañear.
Todavía no tienden la alfombra,
aunque el otoño ya empieza a respirar
con ciertas dolencias de humo en los tapices.
Sueño con abrir su encantamiento,
adentrarme en su resina y sospechar sus barcos
o, al menos, la veta de grafito que podría abrigar
antes de ser el primer punto del universo.
Pero estoy cerrado, cicatrizado
en un interior sin posibilidad de ramas;
más próximo a un silábico fluir de raíces
que a ese campanario de urracas incesantes
que se derrumba sobre lo que fue un columpio.
El neumático todo de ventana,
mi primer cohete espacial, el único
con una astronauta en el impulso de mis manos
y esta galaxia de olanes azules alrededor
donde nunca más tendremos once años.
Olvera, P. México, 16 de septiembre de 2026
-
Autor:
Pedro Olvera (
Offline) - Publicado: 16 de septiembre de 2026 a las 04:07
- Categoría: Amor
- Lecturas: 23
- Usuarios favoritos de este poema: crisantemo, WandaAngel, Mª Pilar Luna Calvo, Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, Salvador Santoyo Sánchez, Erre Cost, **~EMYZAG~**, Évano, El desalmado, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios1
Una vez fui a observar cómo se hacía una serie televisiva famosa. Me defraudó, sobre todo por aplausos y risas enlatadas. Otra vez fui a oír a Gamoneda, y éramos veinte ante el futuro ganador del premio Miguel de Cervantes, el mayor en Literatura castellana.
Gran poema, Don Pedro. Como siempre.
Qué gusto el mío, compi Évano. Recién terminaron por acá los festejos patrios y es muy chingón encontrarlo por acá, con esta resaca, pero sin robotcitos mamones ni lagartijas voladoras.
Va un abrazo, amigo.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.