GAMBITO DE DAMA
Sobre el tablero, el miedo es caballero,
y el rey disfraza el pulso de arrogancia;
la dama avanza, lúcida, primero,
moviendo el porvenir con elegancia.
Entrega su blancura en el combate,
como quien da su sueño por victoria;
sacrifica su reino en jaque mate
para escribir su nombre en la memoria.
No sabe el jugador, que cuando avanza,
si aquella pieza encierra una condena;
la dama juega al filo de esperanza
y convierte la pérdida en cadena.
Mas cuando el rey comprende su destino,
la dama ya ha cambiado su camino.
JAQUE MATE
No seas el rey que tarde comprende
que el cetro no concede la razón;
ni aquel que, por tomar lo que pretende,
convierte su deseo en perdición.
No quieras arrebatarle a la dama
su libertad, su luz, su movimiento;
quien intenta encerrarla entre su trama
se queda frente al trono con el viento.
La dama no se entrega por mandato,
ni cambia su destino por cadenas;
quien juega al amor como un arrebato
puede hallar su soberbia entre las penas.
Y cuando el rey descubra su extravío,
será jaque mate. Juego vacío.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 15 de septiembre de 2026 a las 07:50
- Comentario del autor sobre el poema: El Gambito de Dama es una de las aperturas más célebres del ajedrez. Se caracteriza, en términos sencillos, por ofrecer un peón al adversario con la intención de obtener una mejor posición, mayor dominio del centro y, sobre todo, iniciativa para el desarrollo de la partida. No se trata de perder por perder: es un sacrificio calculado que puede convertirse en ventaja. La vida, curiosamente, también tiene sus propios tableros. En las relaciones entre hombre y mujer existen movimientos, silencios, concesiones, riesgos y sacrificios que no siempre son visibles a primera vista. A veces uno cede para ganar; otras veces, quien cree haber ganado una pieza termina perdiendo la partida. Pero hay una diferencia fundamental: en el ajedrez las piezas se mueven según las reglas; en la vida, las personas eligen su propio movimiento. Nadie posee a nadie, y pretender convertir el amor en una partida de dominio suele ser el principio del desastre. La dama, en el tablero, es la pieza de mayor movilidad y poder. En la vida, una mujer no necesita ser conquistada como una pieza: necesita ser comprendida como una persona libre. Quien intente encerrarla, limitar sus movimientos o apropiarse de su voluntad quizá descubra demasiado tarde que el verdadero jaque mate no lo da la dama al rey, sino la vida a quien confundió el amor con la posesión. Porque en el tablero del amor hay una regla que ningún manual de ajedrez enseña: cuando alguien intenta ganar al otro, ambos pueden terminar perdiendo.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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