No quiero compasión en mi suplicio,
Ni lástima que humille a mi intelecto,
Quiero ofrecer completo el sacrificio,
Sin llegar a tu presencia estando muerto.
Es mi deseo, en vida conocerte,
Sin dejar este cuerpo que me envuelve.
Pero eres Tú, Padre eterno quien resuelve,
El destino de mi vida y de mi muerte.
Anhelo verte en vida, Padre mío,
Dios eterno de todos mis ancestros.
Verte de frente y a los ojos, yo lo ansío
Para pedirte cara a cara, por mis muertos.
Son vastos mis deseos, he de aceptarlo.
Te pido Dios, perdón por mi osadía.
Mas debo, humildemente aclarar algo:
Que se haga tu voluntad… y no la mía.
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Autor:
Amigo de la luna (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 14 de septiembre de 2026 a las 13:45
- Comentario del autor sobre el poema: Una de tantas conversaciones con Dios.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 21
- Usuarios favoritos de este poema: JUSTO ALDÚ, Antonio Pais, alicia perez hernandez, Mari Carmen Olmos Martínez, Mauro Enrique Lopez Z., Mirta C. Sly, El desalmado

Offline)
Comentarios2
En él está la paz y la salvación. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. eso es esencial.
Saludos
Tú lo has dicho, con justa razón, amigo JUSTO ALDÚ. Saludos cordiales desde la ciudad mas colonial de México.
Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Es una de las mas fuertes demostraciones de verdadera aceptacion y humildad.
Es correcto, amiga poetisa Mirta. Saludos y bendiciones.
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