No quiero compasión en mi suplicio,
Ni lástima que humille a mi intelecto,
Quiero ofrecer completo el sacrificio,
Sin llegar a tu presencia estando muerto.
Es mi deseo, en vida conocerte,
Sin dejar este cuerpo que me envuelve.
Pero eres Tú, Padre eterno quien resuelve,
El destino de mi vida y de mi muerte.
Anhelo verte en vida, Padre mío,
Dios eterno de todos mis ancestros.
Verte de frente y a los ojos yo lo ansío
Para pedirte cara a cara, por mis muertos.
Son vastos mis deseos, he de aceptarlo.
Te pido Dios, perdón por mi osadía.
Mas debo, humildemente aclarar algo:
Que se haga tu voluntad… y no la mía.