Uno a uno les fui diciendo adiós,
con el corazón hecho hielo y fuego.
Con la garganta muda,
y una niebla espesa recorriendo mis pupilas.
Quedó mi alma como un jardín vacío
donde ya no habitan ni rosas ni espinas,
ni color, ni aromas que acompañen
mi soledad.
Solo el dolor de mis horas me recuerda
que la vida es premio y castigo.
Una batalla
que quita y pone a su antojo
y solo deja recuerdos,
que a veces también se escapan
por las rendijas del tiempo.
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Autor:
Rosario Bersabé (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 14 de septiembre de 2026 a las 11:09
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 77
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Antonio_cuello, JUSTO ALDÚ, crisantemo, JordiCris ✍️, Lualpri, Gabriel Aranda, Antonio Pais, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez, rosi12, EmilianoDR, Classman, RIVAS JOSE, El desalmado, Maby De los Peña, Gonzalo Márquez Pedregal
- En colecciones: Quimeras.

Online)
Comentarios1
No hay adiós que no duela sí es a quiénes queremos.
Sí, así es, Jordi. Muchísimas gracias por venir.
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