Rosario_Bersabe

Los adioses

 

 

Uno a uno les fui diciendo adiós,

con el corazón hecho hielo y fuego.

 

Con la garganta muda,

y una niebla espesa recorriendo mis pupilas.

 

Quedó mi alma como un jardín vacío

donde ya no habitan ni rosas ni espinas,

ni color, ni aromas que acompañen

mi soledad.

 

Solo el dolor de mis horas me recuerda

que la vida es premio y castigo.

 

Una batalla

que quita y pone a su antojo

y solo deja recuerdos,

que a veces también se escapan

por las rendijas del tiempo.