Ya no vivo...

Observador...

¿En qué he de pensar si ya no me siento vivo?

Mi corazón está tan vacío

Que ni la tinta pudo complacerlo.

Mi mente funcionó como un drenaje:

Todo lo que tuve terminó escapándose por dentro,

Y ahora solo quedan preguntas

Flotando en lo que antes llamaba yo.

 

Aún hoy sigo pensando

Que todo me parece ambiguo.

Ya no confío en nada

De lo que existe en este mundo.

Cada certeza me parece sospechosa,

Cada verdad demasiado pequeña,

Y cada respuesta parece abrir

Otra puerta hacia un cuarto más vacío.

 

Estoy cansado de preguntar.

Cansado de buscar.

Cansado de encontrar una pregunta

Detrás de cada respuesta.

 

Quizás ese sea el castigo de pensar:

Descubrir que mientras más comprendes,

Más difícil se vuelve comprender

Por qué sigues buscando.

 

Y estoy seguro de que, si me distrajera Un segundo,

Volvería a perderme

En este laberinto absurdo.

Quizás el problema nunca fue perderme,

Sino haber creído

Que existía algún lugar al cual llegar.

 

Los veo reír,

Nacer,

Crecer,

Jugar,

Enamorarse,

Hacer planes para mañana

Como si alguien les hubiera entregado Un manual.

 

Y entonces me pregunto:

 

¿Acaso estas son las reglas de un Juego

Que todos aprendieron a jugar

Antes de que yo llegara?

 

Porque nadie me enseñó a vivir.

 

Me enseñaron a hablar.

Me enseñaron a caminar.

Me enseñaron a estudiar,

A trabajar,

A comportarme,

A sonreír cuando correspondía.

 

Pero nadie me explicó

Qué debía hacer con mi existencia

Cuando empezara a preguntarme

Por qué debía existir.

 

Hace tiempo que no me siento Humano.

Hace tiempo que odio cada vez más al Ser humano.

Me convertí en un extraño de la noche A la mañana

Y, quizá por eso,

Ya nadie me mira como a uno.

 

Los observo desde lejos

Y me parecen una especie extraña.

 

Construyen casas para sentirse seguros,

Acumulan cosas para sentirse Completos,

Aman para no sentirse solos

Y llaman futuro

A aquello que todavía no existe.

 

Todos parecen saber qué hacer con sus vidas.

 

Yo solo veo movimiento.

 

Y después me miro a mí

Y descubro, con cierta repugnancia,

Que también soy uno de ellos.

 

Quizás eso sea lo peor:

 

Odiar al ser humano

Y descubrir que no puedo escapar

De pertenecerle.

 

La tinta ha sido mi sangre

Y me acompaña en cada rumbo.

 

Mis únicos recuerdos parecen hechos De tinta.

Hasta el desayuno se me vuelve un borrón.

 

Las mañanas se mezclan con las noches

Y los días con las páginas

Hasta que ya no sé

Si recuerdo haber vivido

O simplemente haberlo escrito.

 

Lo demás son apenas extras

De haber llegado a este mundo.

 

Rostros.

Lugares.

Conversaciones.

Promesas.

 

Pequeñas alegrías

Que alguna vez parecieron eternas

Y que ahora sobreviven

Como manchas sobre una hoja.

 

Recuerdos de sufrimiento.

Recuerdos de cansancio.

Recuerdos de haber buscado algo

Sin saber siquiera qué estaba buscando.

De un mundo

Que cada día me parece más inmundo.

 

Me siento extranjero en el entorno que Habito,

Extranjero en el país donde he nacido,

Extranjero incluso entre aquellos

Con quienes he crecido.

 

Extranjero ante todo

Lo que mis ojos han visto.

 

Y qué absurdo resulta

Haber pasado tantos años

Aprendiendo a reconocer el mundo

Sin haber aprendido

A reconocerme dentro de él.

 

Odio tanto los espejos

Como la imagen que me devuelven.

 

No odio el rostro.

 

Odio la pregunta.

 

¿Quién es ese que me mira?

¿Quién decidió que ese era yo?

¿En qué momento una cara

Se convirtió en una identidad?

 

Lo observo durante unos segundos

Y quisiera encontrar alguna respuesta.

Pero el espejo solo devuelve silencio.

 

Envidio al vagabundo.

 

Quizás por ser él.

Quizás porque parece vivir

Sin pedirle explicaciones a la Existencia.

 

Camina.

 

Eso es todo.

 

No necesita saber hacia dónde.

No necesita justificar cada paso.

No necesita convertir el camino

En una teoría sobre la vida.

 

Yo, en cambio,

Necesito comprenderlo todo.

 

Y por querer comprenderlo todo

Terminé sin comprender

Cómo vivir un solo día en paz.

 

Me odio tanto

Que hasta brotar tinta se ha vuelto un cansancio.

 

Escribo y escribo,

Pero cada palabra parece llevarme

Un poco más lejos de mí.

 

La tinta sale

Y algo dentro de mí se queda vacío.

 

Quizás por eso escribo tanto.

 

Quizás no escribo para decir algo,

Sino para comprobar

Que todavía queda algo dentro

Capaz de convertirse en palabras.

 

No tengo nada que desear

Ni sé qué debería perseguir.

Nunca encontré una razón suficiente

Para levantarme y seguir.

 

Todos los días escribo para resistir,

Aunque ya no sé exactamente

Contra qué estoy resistiendo.

 

Tal vez contra el mundo.

Tal vez contra mí.

Tal vez contra esa necesidad absurda

De encontrarle significado

A todo aquello que simplemente ocurre.

 

Maldito mundo

En el que aprendí a existir.

 

Maldigo todo lo que sea necesario.

 

Ya hasta el cuaderno me tiene harto.

 

Estoy exhausto de buscar sentido

Donde quizá nunca lo hubo.

 

Exhausto de mirar las cosas

Como si escondieran una respuesta.

 

Y es que ni mis versos

Parecen tener sentido alguno.

 

Quizás la poesía tampoco salva.

 

Quizás solo consigue

Darle una forma hermosa

A aquello que no sabemos soportar.

 

Hubiera deseado no haber pensado Tanto.

Que la ignorancia me hubiera Consumado.

 

Quizás habría sido más sencillo

Vivir sin preguntarme por la vida,

Sin convertir cada respuesta

En otra pregunta,

Sin mirar detrás de cada verdad

Para descubrir otra contradicción.

 

Quizás la ignorancia era una forma de paz.

 

Quizás saber demasiado

Solo significa aprender nuevas Maneras

De estar perdido.

 

Antes quería entender la vida.

 

Ahora estoy cansado de preguntarle Qué significa.

 

Quizás no significa nada.

 

Quizás significa demasiado.

 

Quizás ambas cosas sean ciertas

Y ese sea el chiste que nadie quiso contarme.

 

Si quieren saber mi opinión,

Solo quisiera que el ruido terminara.

 

Que por una vez el mundo

Dejara de exigir explicaciones.

 

Estoy cansado de quienes tienen Respuestas

Para preguntas que todavía me duelen.

 

Cansado de quienes hablan

Como si hubieran descubierto

Por qué estamos aquí.

 

Cansado de las promesas,

De las certezas,

De los discursos

Que intentan convencerme

De que todo tiene un propósito.

 

Quizás el mundo no necesita un Propósito.

 

Quizás nosotros somos los que no Soportamos

Que no lo tenga.

 

Y quizá por eso inventamos

Dioses, metas, destinos, ideales y Futuros:

 

Cualquier cosa que nos permita dormir

Sin escuchar el vacío

Debajo de nuestras propias certezas.

 

Mis hojas ya no son nada.

 

Yo tampoco sé qué soy.

 

La gente me mira como a un demente

Por mis palabras,

Y quizá nunca quise

Vivir encerrado en un cuarto

Hecho solamente de pensamientos.

 

Pero qué otra habitación conozco

Si no esta cabeza

Que nunca deja de hablar.

Quizás la compañía sí me gustaba.

La odiaba cuando la tenía,

Pero ahora comprendo su ausencia.

 

Maldecía el ruido dentro de mi cabeza

Y hoy, contra toda lógica,

Creo que extraño

El ruido de mi vida.

 

Qué absurdo.

 

Huir del ruido

Para terminar extrañándolo.

Buscar la soledad

Para descubrir que el silencio

También puede convertirse en una multitud.

 

No hay mucho más que decir.

 

Solo sé que estoy cansado.

 

Cansado de vivir preguntando.

Cansado de vivir buscando.

Cansado de encontrar respuestas

Que no consiguen aliviar ninguna p

Pregunta.

 

Quizás eso sea lo más absurdo de Todo:

 

Que aun sabiendo que quizá nunca Habrá respuesta,

Una parte de mí

Continúa preguntando.

 

El mundo seguirá afuera.

 

La gente seguirá riendo.

Naciendo.

Creciendo.

Jugando.

Amando.

Haciendo planes para mañana.

 

Y yo seguiré sin entender

Cómo aprendieron todos

A jugar este juego.

 

Pero quizá no necesito entenderlo esta Noche.

 

Quizás por una vez

Puedo dejar una pregunta sin Respuesta.

 

Quizás una página en blanco

También puede ser una forma de Silencio.

 

El cuaderno sigue abierto.

La tinta todavía existe.

Y el mundo continúa

Con su indiferencia perfecta.

 

No encontré respuestas.

Encontré más preguntas.

Y quizá eso sea todo

Lo que la existencia tuvo para Ofrecerme.

Quizás mañana vuelva a escribir.

Quizás mañana vuelva a buscar.

Pero esta noche

No quiero entender nada.

Dejo la tinta sobre la mesa,

Las preguntas sobre el papel

Y el silencio en su lugar.

Gracias a nada.

Por esta noche,

Cierro el cuaderno.

  • Autor: Observador (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 14 de septiembre de 2026 a las 00:17
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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