¿En qué he de pensar si ya no me Siento vivo?
Mi corazón está tan vacío
Que ni la tinta pudo complacerlo.
Mi mente funcionó como un drenaje:
Todo lo que tuve terminó escapándose Por dentro,
Y ahora solo quedan preguntas
Flotando en lo que antes llamaba yo.
Aún hoy sigo pensando
Que todo me parece ambiguo.
Ya no confío en nada
De lo que existe en este mundo.
Cada certeza me parece sospechosa,
Cada verdad demasiado pequeña,
Y cada respuesta parece abrir
Otra puerta hacia un cuarto más vacío.
Estoy cansado de preguntar.
Cansado de buscar.
Cansado de encontrar una pregunta
Detrás de cada respuesta.
Quizás ese sea el castigo de pensar:
Descubrir que mientras más Comprendes,
Más difícil se vuelve comprender
Por qué sigues buscando.
Y estoy seguro de que, si me distrajera Un segundo,
Volvería a perderme
En este laberinto absurdo.
Quizás el problema nunca fue perderme,
Sino haber creído
Que existía algún lugar al cual llegar.
Los veo reír,
Nacer,
Crecer,
Jugar,
Enamorarse,
Hacer planes para mañana
Como si alguien les hubiera entregado Un manual.
Y entonces me pregunto:
¿Acaso estas son las reglas de un Juego
Que todos aprendieron a jugar
Antes de que yo llegara?
Porque nadie me enseñó a vivir.
Me enseñaron a hablar.
Me enseñaron a caminar.
Me enseñaron a estudiar,
A trabajar,
A comportarme,
A sonreír cuando correspondía.
Pero nadie me explicó
Qué debía hacer con mi existencia
Cuando empezara a preguntarme
Por qué debía existir.
Hace tiempo que no me siento Humano.
Hace tiempo que odio cada vez más al Ser humano.
Me convertí en un extraño de la noche A la mañana
Y, quizá por eso,
Ya nadie me mira como a uno.
Los observo desde lejos
Y me parecen una especie extraña.
Construyen casas para sentirse Seguros,
Acumulan cosas para sentirse Completos,
Aman para no sentirse solos
Y llaman futuro
A aquello que todavía no existe.
Todos parecen saber qué hacer con Sus vidas.
Yo solo veo movimiento.
Y después me miro a mí
Y descubro, con cierta repugnancia,
Que también soy uno de ellos.
Quizás eso sea lo peor:
Odiar al ser humano
Y descubrir que no puedo escapar
De pertenecerle.
La tinta ha sido mi sangre
Y me acompaña en cada rumbo.
Mis únicos recuerdos parecen hechos De tinta.
Hasta el desayuno se me vuelve un Borrón.
Las mañanas se mezclan con las Noches
Y los días con las páginas
Hasta que ya no sé
Si recuerdo haber vivido
O simplemente haberlo escrito.
Lo demás son apenas extras
De haber llegado a este mundo.
Rostros.
Lugares.
Conversaciones.
Promesas.
Pequeñas alegrías
Que alguna vez parecieron eternas
Y que ahora sobreviven
Como manchas sobre una hoja.
Recuerdos de sufrimiento.
Recuerdos de cansancio.
Recuerdos de haber buscado algo
Sin saber siquiera qué estaba buscando.
De un mundo
Que cada día me parece más inmundo.
Me siento extranjero en el entorno que Habito,
Extranjero en el país donde he nacido,
Extranjero incluso entre aquellos
Con quienes he crecido.
Extranjero ante todo
Lo que mis ojos han visto.
Y qué absurdo resulta
Haber pasado tantos años
Aprendiendo a reconocer el mundo
Sin haber aprendido
A reconocerme dentro de él.
Odio tanto los espejos
Como la imagen que me devuelven.
No odio el rostro.
Odio la pregunta.
¿Quién es ese que me mira?
¿Quién decidió que ese era yo?
¿En qué momento una cara
Se convirtió en una identidad?
Lo observo durante unos segundos
Y quisiera encontrar alguna respuesta.
Pero el espejo solo devuelve silencio.
Envidio al vagabundo.
Quizás por ser él.
Quizás porque parece vivir
Sin pedirle explicaciones a la Existencia.
Camina.
Eso es todo.
No necesita saber hacia dónde.
No necesita justificar cada paso.
No necesita convertir el camino
En una teoría sobre la vida.
Yo, en cambio,
Necesito comprenderlo todo.
Y por querer comprenderlo todo
Terminé sin comprender
Cómo vivir un solo día en paz.
Me odio tanto
Que hasta brotar tinta se ha vuelto un Cansancio.
Escribo y escribo,
Pero cada palabra parece llevarme
Un poco más lejos de mí.
La tinta sale
Y algo dentro de mí se queda vacío.
Quizás por eso escribo tanto.
Quizás no escribo para decir algo,
Sino para comprobar
Que todavía queda algo dentro
Capaz de convertirse en palabras.
No tengo nada que desear
Ni sé qué debería perseguir.
Nunca encontré una razón suficiente
Para levantarme y seguir.
Todos los días escribo para resistir,
Aunque ya no sé exactamente
Contra qué estoy resistiendo.
Tal vez contra el mundo.
Tal vez contra mí.
Tal vez contra esa necesidad absurda
De encontrarle significado
A todo aquello que simplemente ocurre.
Maldito mundo
En el que aprendí a existir.
Maldigo todo lo que sea necesario.
Ya hasta el cuaderno me tiene harto.
Estoy exhausto de buscar sentido
Donde quizá nunca lo hubo.
Exhausto de mirar las cosas
Como si escondieran una respuesta.
Y es que ni mis versos
Parecen tener sentido alguno.
Quizás la poesía tampoco salva.
Quizás solo consigue
Darle una forma hermosa
A aquello que no sabemos soportar.
Hubiera deseado no haber pensado Tanto.
Que la ignorancia me hubiera Consumado.
Quizás habría sido más sencillo
Vivir sin preguntarme por la vida,
Sin convertir cada respuesta
En otra pregunta,
Sin mirar detrás de cada verdad
Para descubrir otra contradicción.
Quizás la ignorancia era una forma de paz.
Quizás saber demasiado
Solo significa aprender nuevas Maneras
De estar perdido.
Antes quería entender la vida.
Ahora estoy cansado de preguntarle Qué significa.
Quizás no significa nada.
Quizás significa demasiado.
Quizás ambas cosas sean ciertas
Y ese sea el chiste que nadie quiso contarme.
Si quieren saber mi opinión,
Solo quisiera que el ruido terminara.
Que por una vez el mundo
Dejara de exigir explicaciones.
Estoy cansado de quienes tienen Respuestas
Para preguntas que todavía me duelen.
Cansado de quienes hablan
Como si hubieran descubierto
Por qué estamos aquí.
Cansado de las promesas,
De las certezas,
De los discursos
Que intentan convencerme
De que todo tiene un propósito.
Quizás el mundo no necesita un Propósito.
Quizás nosotros somos los que no Soportamos
Que no lo tenga.
Y quizá por eso inventamos
Dioses, metas, destinos, ideales y Futuros:
Cualquier cosa que nos permita dormir
Sin escuchar el vacío
Debajo de nuestras propias certezas.
Mis hojas ya no son nada.
Yo tampoco sé qué soy.
La gente me mira como a un demente
Por mis palabras,
Y quizá nunca quise
Vivir encerrado en un cuarto
Hecho solamente de pensamientos.
Pero qué otra habitación conozco
Si no esta cabeza
Que nunca deja de hablar.
Quizás la compañía sí me gustaba.
La odiaba cuando la tenía,
Pero ahora comprendo su ausencia.
Maldecía el ruido dentro de mi cabeza
Y hoy, contra toda lógica,
Creo que extraño
El ruido de mi vida.
Qué absurdo.
Huir del ruido
Para terminar extrañándolo.
Buscar la soledad
Para descubrir que el silencio
También puede convertirse en una multitud.
No hay mucho más que decir.
Solo sé que estoy cansado.
Cansado de vivir preguntando.
Cansado de vivir buscando.
Cansado de encontrar respuestas
Que no consiguen aliviar ninguna p
Pregunta.
Quizás eso sea lo más absurdo de Todo:
Que aun sabiendo que quizá nunca Habrá respuesta,
Una parte de mí
Continúa preguntando.
El mundo seguirá afuera.
La gente seguirá riendo.
Naciendo.
Creciendo.
Jugando.
Amando.
Haciendo planes para mañana.
Y yo seguiré sin entender
Cómo aprendieron todos
A jugar este juego.
Pero quizá no necesito entenderlo esta Noche.
Quizás por una vez
Puedo dejar una pregunta sin Respuesta.
Quizás una página en blanco
También puede ser una forma de Silencio.
El cuaderno sigue abierto.
La tinta todavía existe.
Y el mundo continúa
Con su indiferencia perfecta.
No encontré respuestas.
Encontré más preguntas.
Y quizá eso sea todo
Lo que la existencia tuvo para Ofrecerme.
Quizás mañana vuelva a escribir.
Quizás mañana vuelva a buscar.
Pero esta noche
No quiero entender nada.
Dejo la tinta sobre la mesa,
Las preguntas sobre el papel
Y el silencio en su lugar.
Gracias a nada.
Por esta noche,
Cierro el cuaderno.